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Hombres y Mujeres Asesinos
Blog dedicado especialmente a lecturas sobre Casos reales, de hombres y Mujeres asesinos en el ámbito mundial.
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Este Blog, no es de carácter científico, pero si busca seriedad en el desarrollo de los temas.

Está totalmente dirigido a los amantes del género. Espero que todos aquellos interesados en el tema del asesinato serial encuentren lo que buscan en este blog, el mismo se ha hecho con fines únicamente de conocimiento y desarrollo del tema, y no existe ninguna otra animosidad al respecto.

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//04 de Noviembre, 2010

CAPITULO V La cárcel a los 19

por jocharras a las 20:58, en La Marca de la Bestia
CAPITULO V

La cárcel a los 19

Que no se sepa

-Doctor, que quede claro, yo estoy acá condenado por robo, ¿eh? nadie puede saber que estoy por una violación.

Sentado en el medio de un pequeño y asfixiante cuarto de paredes húmedas y descascaradas de la Penitenciaría de Córdoba, Marcelo Sajen dialogaba con su abogado Diego Albornoz.

Hablaba en voz baja y se tapaba disimuladamente la boca con la mano derecha, mientras miraba para todos lados. Abogado y cliente estaban solos. Sajen temía que algún interno o un guardia cárcel que pasara por allí pudiera escucharlo. Era el martes 20 de enero de 1987. Ese día, acababan de trasladarlo desde Encausados a la Penitenciaría del barrio San Martín. Ahora, las cosas en este presidio eran distintas: había sido sentenciado a seis años, su coartada se había hecho pedazos y debía cumplir la condena. Para peor, ya no tenía la protección con la que había contado mientras estuvo en Encausados.

La Penitenciaría, denominada en realidad Establecimiento Penitenciario Número 2, fue construida en las primeras décadas del siglo 20 y se encuentra ubicada en el corazón del barrio San Martín de la ciudad Capital. El presidio ocupa cuatro manzanas y cuenta con una veintena de pabellones, divididos en tres centros. Cada pabellón posee en promedio una treintena de celdas, donde son alojados los condenados varones que son juzgados en Córdoba Capital y otras ciudades del interior provincial. Durante años el establecimiento se fue superpoblando y llegó a niveles de hacinamiento típicos de cualquier cárcel del Tercer Mundo.

Como Marcelo no tenía antecedentes penales, fue llevado al segundo centro del establecimiento, donde están alojados los presos primarios, en convivencia con homicidas, asaltantes de todo tipo, estafadores y hasta abusadores sexuales como él.

El verdulero estaba desesperado por el miedo. Tenía suficientes motivos. Primero, era un joven de 21 años, y acababa de dejar a su mujer y a sus dos hijas, entre ellas una recién nacida, libradas a su suerte. Le obsesionaba pensar que Zulma pudiera abandonarlo definitivamente para irse a vivir con otro hombre. También lo amargaba saber el enorme sufrimiento que les había causado a sus padres. "Seis años de prisión son una eternidad", se repetía todo el tiempo.

Además, se encontraba solo en la cárcel. Si bien conocía a algunos amigos del barrio que estaban tras las rejas, no estaba ninguno de sus hermanos mayores para protegerlo por si se las llegaba a ver feas. Encima, sin aquella protección que se había sabido forjar en Encausados, era muy posible que las cosas no le fueran tan fáciles como en sus primeros tiempos tras las rejas.

Lo que más lo aterraba era aquella ley no escrita que dice que en la cárcel todo violador sufre en carne propia el mal que infringió. Por eso, ni bien pudo hablar con su abogado, Marcelo le pidió una y otra vez que hiciera lo posible para que nadie se enterara en la Penitenciaría que había sido condenado por violación.

Aquella mañana del 20 de enero de 1987, el defensor dejó el portafolio en el piso de baldosas, se acomodó los lentes, miró fijamente a Marcelo y le dijo que eso era prácticamente imposible.

-Sajen, el delito por el que fuiste condenado figura en tu prontuario. Está todo allí. Lo saben las autoridades, lo saben los guardias, lo van a saber los presos tarde o temprano. Seguro que cuando entrés a tu pabellón el guardia va a empezar a mover las manos como si estuviera tocando un violín... Ésa es la forma de decirles a todos los presos que vos sos un violador... - se sinceró Albornoz

-Cagué doctor. Me van a reventar. Van a saber que soy un viola y se la van a agarrar conmigo -respondió Sajen. -Tranquilo muchacho. Vos tenés que dar tu versión de la historia y pedirle a Zulma que te apoye contándole la misma historia a las mujeres de los presos, si tenés suerte los tipos te van a entender. Lo principal es que hagas buena conducta, pórtate bien, no te pelees con nadie, no hagas boludeces, sobreviví. Hacé conducta, ganate buen concepto para la gente del Servicio, que de acá a un par de meses pedimos la (libertad) condicional. Para eso es necesario que tengas buenas calificaciones y concepto de los jefes. En Encausados tenías buena conducta y trabajabas de fajinero. Bueno  acá tenés que hacer lo mismo. – ¿Y cuándo podría volver a casa?

-Falta mucho. Tenés que cumplir la mitad de la condena. Después empezamos a presentar solicitudes. Vos mientras tanto, hace conducta -enfatizó Albornoz.

Durante un largo rato, el abogado le explico cómo era aquello “Hace conducta", lo que en un futuro le permitiría acceder al beneficio de las salidas transitorias. Las palabras de Albornoz trancaron a Sajen. "El tordo' sabe. Y si él lo dice, es porque así e propuso entonces subsistir como fuera y tratar no tener problemas con nadie, así en poco tiempo podría volver a estar en la calle y, sobre todo, junto a Zulma y sus hijas.

Cuando el abogado se marchó, Sajen fue llevado a una oficina la Penitenciaría, donde le hicieron llenar una ficha de identificación que se agregó a su prontuario.

En ose legajo se asentaron copias de la ficha prontuarial, la condena y las planillas con sus huellas dactilares. En el ítem 23 quedó asentado, a máquina, que él había sido condenado por "violación y encubrimiento".

En otra foja se agregarían datos fisonómicos: raza blanca, 1,70 metro de estatura, tez trigueña, cabello negro, barba completa, frente mediana, ojos marrones, cejas arqueadas y separadas, párpados normales, espalda recta, nariz horizontal, boca mediana, labios finos y orejas medianas.

Como su hija favorita todavía no había nacido, aún no tenía el tatuaje con su nombre en la pierna izquierda. Por eso el ítem "Señas Particulares" quedó en blanco. Más abajo quedó consignado que su trabajo, al momento de ser detenido, era el de verdulero. La primera hoja del prontuario quedó con las dos fotos blanco y negro con la cara de chico bueno.

Al final de la carpeta se colocó una foja en la que podía leerse Cámara 3a del Crimen había determinado que la condena debía cumplirse el 13 de Setiembre de 1991- Esa fecha nunca se cumpliría. En 1989, Sajen comenzaría a gozar de los beneficios de la libertad condicional.

Aquella primera noche en la Penitenciaría, a Sajen le quedaron repiqueteando en la memoria las palabras del 'tordo' Albornoz. “Conducta “, se dijo varias veces a sí mismo, recostado en un mugriento colchón tirado en una celda compartida con varios delincuentes. De pronto, sus pensamientos desaparecieron, cuando escuchó que los guardias apagaron las luces y se oyeron algunas risotadas en el pabellón.

Sajen supo con claridad que desde ese momento estaría solo y que tendría que defenderse como fuera. Aquella noche, el sueño no llegó nunca. Los pensamientos fueron pasando unos tras otros Los caballos, la verdulería, don Leonardo, Zulma, Pilar...

Un viola encerrado

Los primeros meses en prisión fueron duros para él. Si bien estuvo alojado en pabellones en compañía de amigos y conocidos de su barriada, en el patio tuvo que vérselas en varias oportunidades con otros internos y debió enfrentarse a las trompadas. La ley del más fuerte que rige muros adentro de una cárcel. Eso sí, siempre se mantuvo coherente en su versión: él estaba allí condenado por un “robo" y aquello de la violación era una mentira, un "verso" por parte de una mujer "despechada" que lo había mandado en cana. Nada más lejos de la realidad.

"Sajen, como todo violador, fue derechito al pabellón de primarios. No fue a un pabellón destinado para violadores sencillamente porque nunca hubo en la Penitenciaría un sector destinado para ese tipo de delincuentes. Siempre estuvieron todos mezclados, porque no puede haber discriminación", recuerda en la actualidad un ex jefe penitenciario.

¿Sajen fue violado mientras estuvo en prisión? ¿Sufrió en carne propia el tormento que había cometido contra aquella joven de Pilar? Es prácticamente imposible arribar a una afirmación concluyente. Sobre todo teniendo en cuenta la imposibilidad de confirmarlo de boca suya. Desde su familia se insistió en que él nunca llegó a comentar alguna situación de ese tipo. De hecho: de ese tema nunca se habló ni se habla. Sin embargo, desde ámbitos carcelarios se explicó a los autores de este libro que por aquellos años era una ley tácita que los violadores "pagaran" por sus delitos. Ojo por ojo, diente por diente.

Esta realidad de castigo interno cambiaría sustancialmente con el paso de los años. Hoy, los abusos sexuales dentro de las cárceles existen pero no son solo los violadores quienes los padecen, sino los internos más débiles. “Los giles “como les llaman.

No se puede ser hipócrita y negar que a los violadores no los hayan atacado y abusado en prisión. El violador siempre fue el tipo más detestable para los presos. Es muy probable que a Sajen lo hayan violado, teniendo en cuenta cómo se manejaban las cosas en la cárcel por aquellos tiempos. Ahora, los códigos cambiaron en la calle y en las cárceles”, señala el ex directivo penitenciario.

No obstante ello, otra alta autoridad también retirada del Servicio Penitenciario recuerda que Sajen era una persona que, como todos los abusadores sexuales, siempre negó haber violado y que incluso vociferaba todo el tiempo que a esos "degenerados" había que matarlos. "El tipo era muy gritón. Ponía cara de bravo y siempre decía que a los violadores hijos de puta había que cagarlos matando. Toda una pose para ganarse respeto. Todo el tiempo hablaba de sexo, que me voy a cagar cogiendo a éste, que me voy a coger a aquel otro, siempre así", comenta la fuente y añade: "Eso sí, es imposible que nadie sepa en la cárcel quién cayó por una violación. Uno se entera tarde o temprano".

Varios internos coinciden que años atrás a los violas les iba muy mal en prisión. "Cuando se entra por primera vez a una cárcel, hay que hacerse respetar desde un comienzo. Me acuerdo que cuando yo entré al pabellón, llevaba un colchón y un bolsito. El guardia cerró la puerta y me encontré con 50 monos con ganas de cagarme a trompadas y hacerme cualquier cosa. Tenés dos alternativas: o sos un gil y te agarran de punto, o te plantás y te cagás bien a trompadas para hacerte respetar. Yo me cagué a trompadas", dice Marcos, un tipo gordo con cara de duro, que cumplió una pena por homicidio hasta hace un par de años.

Las cosas han cambiado. Ahora no se viola más a los violadores, a no ser que el guaso haya abusado de una familiar cercana, como una hija, aunque aun así, tampoco pasa. La violación se transformo en un delito más. Acá los violas van y vienen entre los demás, no hay discriminación. Incluso los que violaron a chicos andan lo más bien. Eso sí, todos dicen que son inocentes, que ellos no violaron, que la mina los denunció", comenta un interno del pabellón 11 de la Penitenciaría, condenado a reclusión perpetua por matar a su familia.

Otro recluso del pabellón 2. Que lleva 15 años presos por homicidio, dice: "En la actualidad, se viola a los más fáciles, a los que se ve que tienen caritas de tiernos. Los violan, les pegan un par de chirlos y los agarran los plumas para que laven la ropa, preparen la comida y limpien el piso".

Eduardo Sajen comenta que Marcelo era muy reservado y que a pesar de que era su confidente, nunca le dijo que le hubiera sucedido algo así en prisión. Lo mismo afirma su otro hermano Daniel y la amante de Marcelo, Adriana del Valle Castro, quien mantuvo una relación estable con Sajen desde 1997 hasta su muerte.

"Marcelo era un tipo muy reservado. Éramos muy compinches y nos llevábamos muy bien. Pero había cosas que no las comentaba con nadie. Nunca me dijo que lo hubieran violado o que le hubiera pasado algo semejante", dice Eduardo.

"Nunca hablamos de cómo le fue en prisión. Eso se lo calló siempre", relata Adriana.

"Es mentira que cojan en la cárcel a los violas. Eso es un mito. Violan a quien se deja violar. Cuando yo caí en un pabellón de setenta guasos hubo varios que se quisieron hacer los malos conmigo, pero yo los cagué a palos y no me jodieron más. Marcelo debe haber hecho lo mismo. Era muy bueno para las piñas", añade Daniel.

Algunos señalan que ni bien entró a la cárcel, Marcelo Sajen se hizo respetar a través de los golpes y de su labia, la misma que había aprendido en la calle y en el pesado ambiente del Mercado de Abasto. Un aspecto a tener en cuenta en esa época, y que fue valorado por los demás internos, es que Marcelo nunca dejó de ser visitado por sus padres ni por su esposa. En efecto, Zulma jamás se alejó de su esposo y se convirtió en una "mujer de fierro" para él. Si bien se fue a Pilar a vivir con sus padres, no dejó de visitarlo en la Penitenciaría. Durante la semana vendía ropa, pastelitos caseros o limpiaba casas para tener dinero con el cual mantener a sus hijos y viajar los fines de semana a Córdoba para poder visitar a su esposo.

"Mientras él estuvo preso, yo trabajé en lo que fuera. Llegué a limpiar terrenos y trabajé en casas de familia. ¡Hasta carneé un chancho! Fue una época muy dura", recuerda Zulma.

El padre de Marcelo tampoco dejó de ir a visitarlo, a pesar del enorme dolor que le causaba toda esa situación. Encima -doña Rosa y don Leonardo debieron soportar que su hijo mayor Leonardo -el turco Miguel, como era conocido por todos- pasara de algunas entradas  a la comisaria a convertirse en un asiduo habitante de los calabozos. En 1985 cayó preso por encubrimiento, ese mismo año volvió a ser detenido por hurto simple, y en 1986 por robo y tentativa de robo. Su carrera delictiva, al igual que la de Marcelo, se iba a extender con el paso de los años.

Así fue que el padre de los hermanos sufrió una profunda depresión. De todos modos, nunca dejó de trabajar. Cada mañana siguió yendo a tempranas horas al Mercado de Abasto a buscar las frutas y verduras que luego vendería en sus negocios. A partir de 1988 el Abasto dejó de funcionar en el tradicional cruce de Maipú v la vera del río Suquía y se mudó a la ruta 19, camino a Monte Cristo.

En el prontuario de Sajen no consta que durante su primera condena haya sido entrevistado por los gabinetes psicológicos en relación con la violación que había cometido en Pilar. No existe ningún registro oficial respecto de que algún profesional haya hablado con él para conocer por qué había violado y si se sentía, cuanto menos, arrepentido de lo que había hecho. Era un violador y nadie hizo nada por tratarlo. ¿De qué hubiera servido? Quizá un buen estudio psicológico hubiese mostrado más síntomas que ayudaran a prever en lo que podría convertirse o al menos dar algún indicio que permitiese contener a ese animal que llevaba dentro y que pronto iba a comenzar a tener cada vez más poder sobre él.

El tordo

-Mientras Sajen cumplía la condena, su abogado Albornoz siguió asesorándolo en la Penitenciaría. Tan conforme estaba Marcelo con su defensor, que empezó a presentarle clientes. Cada vez que Albornoz iba a la cárcel, se contactaba con un nuevo recluso para defender y asesorar. El letrado conocía bien su oficio y sabía a la Perfección que las cárceles eran fuente de materia prima para su trabajo.

 Solía ir a menudo a Encausados, al igual que lo hacían decenas de sus pares. Primero, iban a la mañana a Tribunales y después, pasado el mediodía, caminaban un par de cuadras y se iban hasta la cárcel del barrio Güemes. Allí atendían a sus presos y los asesoraban sobre qué pasos seguir cuando las cosas se ponían feas con los jueces. Muchas veces, esas visitas terminaban en escándalos, cuando el abogado le decía a su cliente que la apelación por una condena no había dado resultado. En más de una oportunidad, renombrados abogados terminaron con sus trajes enchastrados por un escupitajo del propio preso.

No pasaba esto con Albornoz. El Pelado -como lo conocían en la cárcel- era un abogado querido y respetado por numerosos reclusos, ya que entraba en la categoría de los llamados "saca presos".

Uno de los que lo adoraba era, precisamente, Marcelo Sajen. Eso sí, a pesar de la confianza y el cariño, el abogado siempre se hizo tratar de usted. "Hay que mantener la distancia con los clientes. Hoy le das confianza y mañana ya te tratan como cualquier gil y te dejan de pagar a tiempo", comenta Albornoz -convertido ya en fiscal de Cámara- a sus íntimos. El afecto de Marcelo por su abogado se extendió durante años.

A principios de setiembre de 1987, Sajen se reunió con su "tordo" y le expuso que venía teniendo muy buena conducta y que quería la libertad condicional o, aunque más no sea, las salidas transitorias. Quería ir a su casa a estar con su mujer. Marcelo le insistió que tal como le había ordenado aquella vez, él nunca se había metido en problemas, no había participado en motines y ni siquiera había peleado con alguien.

En efecto, por aquel entonces, el prontuario 15.364 estaba "limpio" de sanciones. Albornoz hizo la presentación el 10 de Setiembre, dos años después del ataque. El Consejo Criminológico del Servicio Penitenciario de Córdoba (se trata de una comisión integrada por diversas reparticiones del organismo, encargada de evaluar, cada cierto período de tiempo, la situación en la que se encuentra cada preso, y definir qué estrategias debe seguir el servicio con cada uno de ellos de allí en adelante) se reunió para analizar la situación de diversos reclusos, entre ellos Sajen. La suerte estuvo del lado del violador de Pilar.

El Consejo aceptó que ingresara al período de prueba, pero no permitió las salidas transitorias hasta tanto no cumplimentara el 50 por ciento de la condena. Cuando cumpliera esos tres años, podría ser trasladado a la Cárcel de Monte Cristo, un penal de puertas abiertas en esa localidad del Gran Córdoba y al que van únicamente los presos que gozan de buena conducta.

A la semana siguiente, el Consejo dispuso que Marcelo y otro interno pudieran salir de la Penitenciaría para ir a trabajar como albañiles a la Escuela José Olmos, ubicada en la esquina de Vélez Sarsfield y San Juan, donde años después se erigiría el shopping Patio Olmos. Precisamente, frente a este centro comercial, Sajen pasaría varias veces tiempo después buscando víctimas, convertido ya en un violador serial. Incluso una noche perpetró allí, en la puerta del Teatro San Martín, uno de sus ataques más temerarios.

Aquel 24 de setiembre de 1987, Sajen se sintió feliz. Estaba libre de nuevo, aunque más no fuera por un par de horas. Desde ese día hasta fines de ese año, gozó de salidas periódicas para ir a trabajar como albañil a la Escuela Olmos. Se iba a las 7 de la mañana y a las 14 volvía al penal en colectivo.

"Como tenía muy buena conducta y ya había cumplido gran parte de la condena, le habían permitido esas salidas. Nunca llegaba tarde a la cárcel", dice Zulma. En abril de 1988, empezó a trabajar en el Liceo General Paz. También salía de lunes a viernes y debía estar a la tarde en la Penitenciaría. Incluso, se le permitió que fuera a visitar a su propia familia a su domicilio.

Durante mayo, volvió a trabajar a la escuela Olmos. Las autoridades penitenciarias lo afectaron a trabajos de albañilería en el frente de la cárcel, ya que tenía buen concepto y gozaba de la confianza de los principales jefes, tal el caso del alcalde Héctor Rolando Jamier, por entonces director de la Penitenciaría.

También supo desempeñarse en la panadería del presidio. Asimismo, y a pesar de que no consta en el prontuario, sus familiares reconocieron que para esa época, a Sajen se le permitió ir a trabajar a una granja ubicada en el Camino a 60 Cuadras.

Su conducta era calificada por el Servicio Penitenciario de Córdoba como "ejemplar", a pesar de que el 28 de junio de ese año había recibido una sanción colectiva, junto con sus compañeros del pabellón 2, por "un hecho de sangre" del que fue víctima el preso Rito Ramírez.

La burla

Junio de 1988. Querido diario. Me siento morir, esta mezcla de vergüenza y odio se ha instalado en mi estómago y en mi corazón. Me duele, me duele todo y es un dolor que no tiene remedio. Desde ese jueves me siento sin edad, me siento en realidad de una edad que no puedo contener dentro de mí".

"Me duele el cuerpo, me hace daño el cuerpo, me trae recuerdos que no puedo borrar, me hace pensar en ese tipo y en la manera en que me hizo lo que me hizo".

"El jueves fui a Córdoba a visitar a mi papá. Él me tenía que pasar a buscar por la terminal más o menos a la hora en que yo me tenía que bajar del colectivo e íbamos a pasar todo el día juntos. El viaje fue hermoso y yo estaba llena de expectativa así que cuando llegué me fui rápido a la zona donde paran los taxis cerca del bulevar San Juan para esperarlo. No me acuerdo bien la hora pero sí sé que era cerca del mediodía".

"¡Soy tan tonta!, si me hubiera dado cuenta... pero cómo iba a hacerlo si ese hombre se presentó como que era policía y me dijo que yo tenía que acompañarlo para que averiguara si tenía antecedentes. Ahora que lo pienso me digo ¿qué antecedentes puede tener alguien como yo de 14 años?, pero en ese momento estaba sola y no supe qué hacer".

Contar la historia de Silvana es contar la historia de Caperucita y el lobo feroz, con la diferencia de que la niña que por entonces tenía 14 años sólo volvió a ver el rostro de quien sería su atacante 16 años después, cuando comenzó a colaborar con esta investigación. La joven, que hoy tiene 31 años, fue atacada el 23 de junio de 1988. Aunque esto no fue investigado por los encargados de seguir al serial (al menos hasta que se enteraron del hecho por la existencia de esta investigación), su ataque es muy importante debido a que Silvana habría sido víctima de Sajen en un momento en el que el depravado todavía estaba preso (en manos del Estado provincial) por haber cometido su primera violación y en el que, pese a que todavía no había cumplido la mitad de su condena, ya tenía - gracias a la "amabilidad" o la incompetencia del Servicio Penitenciario- la posibilidad de deambular por la calle -y atacar- sin que existiera sobre él ningún tipo de control.

Para analizar este hecho caminaremos cerca del terreno de la conjetura, aunque basándonos en datos verificables. La primera referencia a esta violación llegó a la causa el 5 de octubre de 2004 sin ganarse la atención de los investigadores y a través de una llamada de la madre de Silvana al número 0800 JUSTICIA, que se había habilitado para realizar denuncias. Entre las 1.420 llamadas a las que tuvo acceso esta investigación, se pudo escuchar una de la que reproducimos un fragmento: "Mi nombre es 'Carina' (el nombre está cambiado), tengo una hija de 31 años que hace 17, cuando tenía 14, fue a Córdoba a visitar a su padre, pero cuando se bajó del colectivo en la terminal fue sorprendida por un sujeto de civil que le dijo que la iba a llevar a hacer una averiguación de antecedentes. Al final de cuentas, terminó violándola".

En el registro de llamadas el dato parece haber quedado prácticamente olvidado, principalmente porque la madre de Silvana, después de contar el hecho, daba el nombre de una persona que, según ella, podría haber sido la que atacó a su hija. Entre los detalles anotados por la policía Mariana Fornagueira, que atendió el teléfono aquella noche a las 23:26, sólo figuran dos cosas: la primera hace referencia al nombre del sospechoso "NN, con credencial de policía color celeste", y la segunda al posible domicilio del sospechado, "Camino 60 Cuadras", debido a que, aparentemente al ser abordada, la joven logró ver esa inscripción en un papel carnet que el sujeto tenía en su poder.

En la primera de esas anotaciones (la que hace referencia a la credencial de policía) puede haber residido la razón por la que el hecho fue descartado. Los investigadores podrían haber vinculado el ataque al caso Machuca, el de un policía que por esos años asolaba a Córdoba violando mujeres y que en el año 2000 fue acusado de cerca de 20 violaciones. La segunda anotación es una referencia directa a la zona en la que siempre se manejó Sajen y a lo que hacía por aquellos años, mientras purgaba condena por violación: trabajar en una granja del Servicio Penitenciario que se ubica en ese sector de la ciudad.

"Esa denuncia era contra otra persona, no me acuerdo si era un caso que le atribuimos a Machuca o de otro hombre, pero lo cierto es que lo descartamos", aseguró una importante fuente vinculada a la investigación que todos los días recibía datos sobre los llamados al 0800.

Pero antes de ahondar en los errores, volvamos a la denuncia: dos días después del llamado de su madre, Silvana también se comunicó al 0800 JUSTICIA a las 21.50 del 7 de octubre. La atendió también la oficial ayudante Fornagueira. Esta es la transcripción que hizo la mujer.

"Informo que en fecha 07 del corriente mes de octubre, a las 21.50 se comunicó a este número una persona que dijo llamarse Silvana... cuya comunicación está vinculada al llamado efectuado por otra mujer (a quien identificó como su madre) que también se comunicó con este número el 05/10/04 a las 23.26 horas". "Que la denunciante hizo referencia a poseer en sí misma información que podría estar referida a la causa denominada violador serial ya que años atrás ésta habría sido víctima de una persona cuyas características serían similares a la del identikit difundido por la Policía, por lo cual se ponía a disposición de la Justicia y aportaba la siguiente información: que hace 15 años atrás, cuando ella tenía 14 años, (en el audio se escucha la fecha 16 de julio pero con posterioridad Silvana modificaría esa fecha) la diciente se encontraba esperando a su padre en la parte posterior de la terminal de ómnibus de Córdoba, más precisamente donde paran los taxis cerca del bulevar San Juan, siendo cerca del mediodía".

"Que en ese momento se le acercó un individuo vestido de civil, quien le dijo que lo tenía que acompañar a la comisaría para hacerle una averiguación de antecedentes, a la vez que extrajo una billetera de entre sus ropas y le exhibió desde el interior una placa metálica de la Policía, que en ese instante se le cayó un papel que decía Camino 60 Cuadras".

"Que la adolescente accedió a su solicitud dado que se había identificado como policía, que este sujeto le cruzó uno de los brazos por la espalda, tomándola por uno de los hombros como si fuera su novia y caminando por detrás de ella, un tanto distanciado. Comenzó a trasladarla por uno de los costados de la terminal, recordando la diciente que fue por el costado donde se encuentra el molino viejo. Que al pasar por ese lugar el individuo saludó a unas personas que se encontraban allí, que le decía que se quedara tranquila porque sólo le iba a realizar unas preguntas y que colaborara así se podía ir rápido. Que en el trayecto le preguntaba: 'Dónde vivís, con quien vivís, estudias, a qué año vas, si era virgen', a lo que 'Silvana' respondió con total naturalidad y veracidad en sus dichos ya que hasta ese momento no había notado algo raro en esa persona". "Que 'Silvana' al ver que la llevaba por un lugar donde le parecía raro que hubiese un asentamiento policial, aparte que era un lugar muy solitario, le preguntó ¿a dónde me lleva?, a lo que el tipo contestó 'que la llevaba ahí porque la brigada antidrogas tenía que estar oculta y que le tenían que tomar unos datos, que no se preocupara y caminara rápido'".

"Que la introdujo a un lugar como baldío donde había unos árboles, no recordando si subió escaleras o no, que allí desde atrás, el sujeto le propinó un fuerte golpe con las manos en la nuca, logrando tirarla al suelo. Que a posterior, después de que le pega una fuerte patada en uno de sus oídos, el atacante se le abalanzó encima mientras le decía: 'Quedate quieta que no te va a pasar nada, que si no gritaba o decía nada no la iba a golpear o matar'".

"Que en ese preciso momento extrajo de sus ropas una navaja o cuchillo y luego le sujetó una de sus manos y le bajó los pantalones, mientras él también hacía lo propio. Que un tanto nervioso, la accedió vía vaginal, en tanto ocurría el acto sexual Silvana preguntó ”que por qué no pagaba a alguien para hacer eso” respondiéndole el tipo 'porque así me gusta'".

"Que al cabo de unos minutos giró su cuerpo e intentó penetrarle vía anal pero no pudo así que volvió a penetrarla vía vaginal. Que no sabe precisar porqué pero el individuo se incorporó, se vistió y le dijo: 'que no le contara a sus padres porque no le iban a creer', que le tiró en el suelo dinero (no sabiendo precisar la cantidad) y se retiró del lugar sin mediar palabra alguna. Que la niña se levantó del suelo, se vistió y se fue al hotel en donde se encontraba su padre, se higienizó, cambió sus prendas de vestir y le contó a su padre todo lo sucedido". "Que a las tres semanas le comentó a su madre de lo vivido y ambas vinieron a esta ciudad a la comisaría primera donde hicieron la correspondiente denuncia, que recuerda que la llevaron a la Policía Judicial donde le hicieron un identikit del sujeto. Que la víctima desconoce el lugar donde atacó pero que es cercano a la terminal y que era un lugar en donde se escuchaba que pasaban cerca los automóviles. Que éste tenía en las palmas de las manos varias cicatrices como si fuera de cortes o raspones, sobre todo en los dedos índice y medio. Que, además, tenía cerca de 28 a 30 años de edad, sus pómulos salientes, ojos medio hundidos, piel de color oscura, cejas gruesas y juntas, cabellos oscuros ondulados y peinado para un costado, medía 1,70, tenía barba de un día".

"Con respecto a su órgano sexual era un tanto grande, vestía camisa color clara, jeans y campera de color oscura. Que al hablar no se le notaba tonada típica de cordobés, su vocabulario no era grosero. Que estos días atrás vio en uno de los informativos el identikit del violador serial, que le llamó rotundamente la atención ya que lo vio muy parecido al sujeto que la atacó a ella sólo que el identikit es un tanto más gordito. Que se encuentra a entera disposición de quien sea para ser entrevistada si es necesario".

Firma: oficial ayudante Mariana Fornagueira".

Silvana nunca fue llamada. Su caso, por más que la descripción que dio del atacante parece casi copiada de las imágenes que hoy se conocen de Sajen en aquellos años, no recibió la debida atención o, por el contrario, se prefirió dejarlo escondido debido a que un análisis exhaustivo quizá obligaba a poner en evidencia a uno de los grandes culpables de la existencia del violador serial: el Estado provincial.

Libre y sin control

Aunque la lectura del relato de Silvana alcanza para encontrar decenas de coincidencias entre el ataque que sufrió con los del violador serial, nos abocamos -con la inestimable ayuda de la joven- a buscar información que, si bien nunca permitirá asegurar con la certeza de un análisis de ADN que el ataque que ella sufrió fue perpetrado por Sajen, sí nos habilita a decir, al menos, que él puede haber sido su agresor.

A través de su prontuario carcelario se constató, como se ha explicado anteriormente, que en esa época, aunque Sajen no había todavía cumplido con la mitad de su condena, ya había gozado del beneficio de la libertad transitoria y era beneficiario permanente de las salidas transitorias por las que el Servicio Penitenciario lo enviaba a trabajar a la ex Escuela Olmos y al Liceo Militar General Paz. Este dato fue confirmado, además, por Eduardo Sajen, que aseguró haber visitado "en más de una oportunidad" a Marcelo en la Escuela Olmos e inclusive en la granja del Servicio Penitenciario, en el Camino a 60 Cuadras.

Según el mismo Eduardo, esas visitas no tenían ningún tipo de control porque mientras estaba realizando esas tareas "nadie se fijaba qué hacía Marcelo, ni él estaba obligado a presentarse ante alguna autoridad a la hora de llegar o partir". En el mismo sentido, el prontuario carcelario muestra que, si bien hay un registro exhaustivo de cada salida de Sajen a la casa de su mujer en el marco de las "libertades transitorias", no existen registros específicos de sus "salidas transitorias". Esas salidas figuran como habilitaciones indefinidas.

Los hechos, sin embargo, ocurrieron y quedaron en la memoria de Silvana y en su diario íntimo, que quizás es el principal testigo de lo que sufrió aquella niña (hoy mujer) el día en que el destino le asestó el golpe más duro de su vida.

Cuando estos datos fueron referidos a miembros de la investigación policial, éstos reaccionaron escalonadamente: la primera reacción fue de alarma: "No se nos puede haber pasado eso", dijo una fuente; después llegó la preocupación y la promesa de constatar fechas para ver si era posible que Sajen cometiera ese ataque; y, finalmente, todo terminó en descreimiento cuando aseguraron que Sajen no había tenido libertad el día de la violación y que el identikit que hizo Silvana (cuando tenía 14 años y tres días después del ataque) no era parecido en nada al serial.

En definitiva, las mismas personas que durante años basaron la investigación en un identikit inventado que le daba al violador serial la cara de un norteño inexistente, pedían que le dijéramos a Silvana que estaba equivocada.

Cuando la joven recibió nuestro llamado, sólo pudo sorprenderse. En pocas palabras explicó que el rostro de Sajen se parecía al de su atacante, pero no podía asegurar que hubiera sido él. Después, a medida que nuestras comunicaciones se fueron incrementando, la joven pidió que le enviáramos una imagen de Sajen más cercana a la época en la que ella fue atacada y como respuesta al envío de esa foto respondió con correos electrónicos.

En el primero se lee: "Me quedé helada cuando lo vi. Su parecido, sobre todo el de sus cejas, es impresionante". En el segundo: "Cuando vos me nombraste Camino a 60 Cuadras y yo te confirmé que no me quedaba dudas que hubiera sido él, es por algo. Mirá negro, si todos los detalles sirven, podemos encontrarnos".

Como se dijo anteriormente, ante la falta de una prueba de ADN es imposible asegurar nada y no nos corresponde hacer justicia, ni declarar culpables e inocentes. En todo caso se puede decir que el hecho que alteró la vida de esa joven de 14 años sigue impune y que lo explicado en estas páginas demuestra que no es descabellado pensar que su autor haya sido Marcelo Mario Sajen.

Por lo demás, y para cuando los investigadores que se olvidaron de este caso hace mucho quieran concentrarse en él para refutar esta hipótesis, es importante aportar este dato: aquellas pocas características de la violación de Silvana que no parecen corresponderse con el método de atacar que se le atribuye a Sajen (principalmente la manera en que es golpeada en la nuca y la cara), sí encuentran puntos en común con la violación sufrida por Susana en 1985. Si esto pudiera confirmarse estaríamos en presencia de una violación ejecutada mientras Sajen comenzaba a convertirse en un serial.

Los dos últimos e-mails que envió Silvana son una muestra de aquello que sufre la víctima de una violación cuando el sistema se olvida de ella.

Discúlpame, que no pude contestarte antes. Recuerdo que la denuncia no la hice el mismo día. Había ido a Córdoba en las vacaciones de invierno, para ver a mi papá y era tanta la vergüenza que tenía, que incluso no recuerdo si la denuncia decía si me había violado o no, pero lo hizo.

Lo que yo te quería contar cuando vos me dijiste que venias a mi ciudad, y cuando me nombraste las 60 cuadras es esto: eran aproximadamente las 12:00 del medio día, estaba parada en la terraza de la terminal donde abajo paran los taxis con la esperanza de verlo a mi papa a quien hacía 6 años que no veía. Allí, se me acercó un hombre que me mostró una placa o algo parecido. Cuando me dijo que era policía y que lo acompañara para averiguación de antecedentes por drogas, se me heló el alma. Yo le expliqué por qué estaba ahí pero lo mismo insistió haciéndome caminar. Bajamos por una escalerita del costado de la terminal y fuimos para el viejo molino donde, estando ya casi adentro, nos cruzamos con un señor al que él saludó. En ese momento me tomó del hombro y me dijo que me iba a llevar a otra oficina porque ahí ya no quedaba nadie. Dimos vuelta, le hizo señas a un taxi y le dijo 'camino a las 60 cuadras'.

En el camino yo pensé mil cosas hasta que descendimos del taxi en la zona de las vías y él, después de decirme que esas oficinas estaban escondidas por todos los procedimientos de droga, me llevó a una zona de vías. A continuación me pidió que fuera caminando adelante y aprovechó para darme primero un fuerte golpe en la nuca y, apenas me caí, una patada que me golpeó en el oído y en el ojo. Yo ya estaba media tonta y él intentó violarme. Como yo me resistí con las piernas, me dio vuelta y sacó una navaja que me apoyó en el cuello mientras me violaba por atrás sin dejar de repetirme que no me iba hacer nada y que no gritara. Cuando terminó, se fue dejándome tirada en el medio de no sé dónde. Me vestí y salí corriendo hasta una calle ancha o una ruta, donde me puse en el medio de un auto que pasaba.

Ese auto me llevó al hotel donde vivía mi papá, me bañe, puse toda esa ropa en una bolsa y me senté a ver los dibujitos en la sala de estar. Cuando vino mi papá no le conté nada porque no quise amargarlo después de tantos años sin verlo, le dije que me había caído esa mañana cuando iba a tomar el colectivo cruzando las vías. Así fue, espero que les sirva, porque cuando termine de escribir este correo, voy a volver todos esos malos recuerdos, a un lugar muy lejano de mi memoria.

Cuando respondimos este correo, agradeciendo todo lo que había hecho por nosotros, Silvana volvió a conmovernos:

Soy yo la agradecida, porque aunque no creas, hay muchas de las cosas que te conté que nadie sabía. Sin conocernos me inspiraste confianza y te aseguro que al contar cómo realmente sucedió, un gran dolor, peso, angustia, vergüenza, se me fueron también.

Premios

El 25 de julio de 1988, el Consejo Criminológico volvió a reunirse para evaluar la situación de distintos reclusos, entre ellos Sajen. El cuerpo otorgó un dictamen favorable para que siga en período de prueba. El 24 de agosto de ese año fue enviado a la cárcel abierta de Monte Cristo, por disposición de la Dirección de Técnica Penitenciaria y Criminológica.

"No entiendo por qué lo enviaron allí. Por lo general no se envía a Monte Cristo a los violadores, porque son tipos que no se recuperan más. Si violaron una sola vez, es altamente probable que lo vuelvan a hacer. El violador no cambia, siempre va a hacer lo mismo. Normalmente, los violadores no van a Monte Cristo, porque el régimen de vigilancia es menor. Lo más probable es que vayan por otros delitos", comenta en la actualidad otro ex directivo del Servicio Penitenciario de Córdoba.

En la Cárcel de Monte Cristo, Sajen empezó a trabajar como oficial especializado en la sección de obras de mantenimiento y al poco tiempo se ganó la confianza del director de ese establecimiento,

Hernán Rojo. Además de las salidas para trabajar y visitar a su familia, Sajen disfrutó de otros beneficios.

En la primera oportunidad que él y otros detenidos tuvieron de salir al cine, la película por la que optaron llama poderosamente la atención. Los reclusos visitaron el cine General Paz para ver Las aventuras de Chatrán, una historia infantil que contaba las dificultades de un simpático gatito que hacía de todo para sobrevivir en un bosque.

Las visitas al cine se empezaron a repetir y a intercalar con salidas transitorias al domicilio de su esposa, en Pilar. Los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1988 pasaron volando para Sajen. Algunas veces iba a trabajar, otras a su casa y, en otras oportunidades, concurría con sus compañeros -siempre con la autorización previa de las autoridades penitenciarias- a los cines y teatros. Así fue que vio los films Rambo III, La deuda interna. El infierno rojo, Un príncipe en Nueva York, y hasta se rió a carcajadas cuando fue a una función de la obra de teatro de Miguel Iriarte: Eran cinco hermanos y ella no era muy santa.

A fines de 1988, a Sajen se le permitió que las salidas transitorias a su hogar se extendieran cada vez más. Ya no se trataba de un día. Ahora podía ir una mañana y regresar a la cárcel dos días después. Como exigencia, debía firmar una planilla en el penal, donde se comprometía a no alejarse del domicilio al que estaba autorizado a ir, tener buen comportamiento y no consumir alcohol.

La Navidad y el Año Nuevo lo encontraron brindando con Zulma, sus hermanos y sus padres. En poco tiempo más, Marcelo iba a quedar en libertad en forma definitiva.

Durante los ocho meses siguientes, Sajen siguió gozando de salidas transitorias para ir a su domicilio.

El 5 de setiembre de 1989, con el asesoramiento del abogado Albornoz, presentó un pedido ante la Cámara 3a del Crimen para la libertad condicional. En la solicitud, escribió que fijaba domicilio en Pilar y que adoptaba el oficio de chofer.

Las autoridades evaluaron el pedido y elaboraron un informe penitenciario en el que se remarcaba que su conducta seguía siendo ejemplar. En un párrafo, el nuevo director de la Cárcel de Monte Cristo -Félix Carranza- escribió que Sajen "ha cumplido con las normas disciplinarias en vigencia, evidenciando un concepto favorable en su proceso de resocialización".

Ocho días después, el Tribunal concedió la libertad condicional. Aún le quedaban dos años de condena. A la hora de los fundamentos, la Cámara 3a entendió que el acusado llevaba cumplido "más del término" del artículo 13 del Código Penal, tenía regularidad en el cumplimiento de los reglamentos carcelarios y no era reincidente. Eso sí, le hicieron firmar un acta en la que constaba que debía conseguir trabajo como chofer dentro de dos meses, no debía beber, tenía que someterse al Patronato de Presos y Liberados y por sobre todas las cosas: no debía volver a cometer delitos. Sin la cámara de fotos apuntándole, Sajen volvió a hacer aquella cara de inocente que ya había puesto en práctica varias veces y convenció a todos de que podía cambiar.

Aquel miércoles 13 de setiembre de 1989, a primera hora de la mañana, salió caminando feliz de la cárcel de Monte Cristo. El lobo acababa de quedar libre definitivamente. De ahora en adelante cambiaría, pero siempre para peor.
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