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Hombres y Mujeres Asesinos
Blog dedicado especialmente a lecturas sobre Casos reales, de hombres y Mujeres asesinos en el ámbito mundial.
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Este Blog, no es de carácter científico, pero si busca seriedad en el desarrollo de los temas.

Está totalmente dirigido a los amantes del género. Espero que todos aquellos interesados en el tema del asesinato serial encuentren lo que buscan en este blog, el mismo se ha hecho con fines únicamente de conocimiento y desarrollo del tema, y no existe ninguna otra animosidad al respecto.

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//08 de Noviembre, 2010

CAPITULO VIII Temporada de caza

por jocharras a las 09:02, en La Marca de la Bestia
CAPITULO VIII

Temporada de caza

Al ritmo de Gary

El año 1998 no sólo fue el año de la consolidación de Marcelo y Adriana del Valle como amantes estables, sino también el período en que Sajen llevó casi a la perfección la difícil tarea de mantener -y sostener- a dos familias paralelas.

También fue el año en que se produjo la mayor cantidad de ataques atribuidos al violador serial y en el que, según los archivos policiales, otros dos delincuentes sexuales (el policía Gustavo Machuca y otro hombre de apellido Riquelme) cometieron la mayoría de sus crímenes.

Finalmente, 1998 fue el año del surgimiento de la pastilla Viagra como droga de estimulación que mejora el rendimiento sexual.

"Se despertaba alas 6.30 de la mañana conmigo para despedir a los chicos y desayunar con ellos antes de ir al colegio. Después iba al kiosco a comprar el diario o se lo compraba directamente a don Pepe Pino, que anda siempre por acá en bicicleta. Siempre hacía eso porque nosotros vendíamos autos, para constatar si los avisos nuestros habían sido publicados", el relato pertenece a Zulma Villalón.

Sin hacer ninguna referencia a Adriana, Zulma se anima a resumir cómo eran aquellos días del año 1998.

"Después volvía ,a salir para comprar la comida y la mayoría de las veces traía también regalos para alguno de los chicos". Los Sajen vivían en una casa ubicada sobre la calle Ambrosio Funes al 2491 de barrio General Urquiza y, según Zulma, después de pasear un poco por el barrio, su marido se iba "a dar vueltas", buscando algún auto que sirviera para "hacer un buen negocio".

La familia seguía creciendo, porque el 17 de diciembre de 1996 Zulma había dado a luz a un nuevo niño, el segundo hijo varón de Marcelo y el quinto de la familia.

El sábado 10 de enero de 1998, una joven de 22 años que se dirigía desde su casa en barrio Yofre Sur hacia el boliche Don Gómez, en Obispo Salguero y Obispo Oro, fue tomada por la espal­da por Sajen justo en la esquina de San Lorenzo y Chacabuco en pleno centro de barrio Nueva Córdoba. Mediante una técnica de control que se perfeccionaba en cada nuevo ataque, el depravado logra llevarla hasta la terminal de ómnibus (se trata de la primera víctima obligada a ir a esa zona de la ciudad), donde finalmente es abusada.

1998 también fue un año importante para la Policía Judicial de Córdoba, que recién en ese período comenzó a archivar organizadamente las denuncias que se registraban en las Unidades Judiciales. Todo indica que las violaciones que se concentraron en los barrios Villa Argentina, San Vicente, Cooperativa Los Paraísos y zonas aledañas, entre 1991 y 1997, se perdieron en el camino de la burocracia. No es casual que justo en el año en que se crearon esos archivos comenzaran a aparecer ataques que se atribuyen al viola­dor serial. Cabe pensar entonces que existieron otros hechos cuyas denuncias quedaron abandonadas en los registros de diferentes comisarías de barrio.

 "Entre el '97 y el '99, Marcelo vivía con Zulma y conmigo. Vivía con las dos. Pasaba dos días con ella y después dos días conmigo. Me dijo que no quería que siguiera en mi vieja casa, y alquiló un departamento para nosotros. Cuando Zulma se enteró lo quiso ma­tar porque se vio venir que lo nuestro era en serio", relata la Negra Chuntero.

 "Salíamos mucho, pero él siempre se despertaba temprano. Muchas veces íbamos a recorrer distintas zonas del centro, porque por esos años Marcelo me contaba todos los trabajos que le salían", asegura la pareja paralela de Sajen, sin especificar a qué tipo de "trabajos" se refiere.

Eran, según cuentan los que conocían a Marcelo, épocas de muchas "tareas" para él, ya que desde hacía años se mantenía gra­cias al delito y ahora se encontraba ante el desafío de sostener a dos familias, incluido el hijo que Adriana tenía de una pareja ante­rior.

 "Marcelo empezó a decirme que quería tener un hijo conmigo y yo, si bien dudé al comienzo, me moría de las ganas de darle un nene. En Así que finalmente acepté y empezamos a buscarlo... nos dejamos de cuidar", afirma, poniéndose todo lo colorada que puede la Negra Chuntero.

 El viernes 20 de marzo en la esquina de Rondeau y Chacabuco, Sajen reduce a una chica y la obliga a acompañarlo hasta la pista de patinaje del Parque Sarmiento. Abusa sexualmente de ella.

"En esos años Marcelo laburaba mucho porque tenía que bancar a Zulma y toda la joda que llevaba con la Chuntero. Ahí fue cuando empezó a laburar solo, y eso se debía a una cuestión práctica que se puede explicar fácilmente: cuando yo llegaba a mi casa con 700 pesos se los daba a mi mujer para que los administre; él tenía que separar la mitad para cada una y además quedarse con algo para sus gastos porque estaba doblemente controlado", contó Carlos, "compañero de trabajo" de Sajen, durante la entrevista mantenida en un bar de Nueva Córdoba.

 

Según surge de los distintos testimonios, Sajen estaba concen­trado en el robo de automotores en diferentes barrios cercanos al centro, y principalmente en esa barriada.

"Aunque era chiquito todavía, muchas veces cuando se iba a dar vueltas en el auto lo llevaba a nuestro hijo mayor para que fuera aprendiendo el negocio. Lo que hacían era buscar autos que se pudieran comprar y vender más caros con unos pocos arreglos. Eso a Marcelo le encantaba porque él siempre fue Tierrero y disfru­taba mucho de trabajar en todo lo que tuviera que ver con eso", explica Zulma al referirse a esa época en la que a su marido y a ella les iba tan bien que llegaron a tener tres coches.

 

Por aquellos días, Adriana logró quedar embarazada y cumplir su sueño más deseado: darle un hijo al hombre que amaba.

El 15 de abril (miércoles) una joven que se dirigía a su domici­lio, en la calle Chascomús de Villa Revol, fue abordada en la esqui­na de Chascomús y Merlo. Es obligada a caminar media cuadra hacia un baldío del barrio, donde es abusada. Al igual que lo había hecho el año anterior, Sajen ataca en las horas cercanas al cum­pleaños de su hija más grande. También, al igual que el año ante­rior, este hecho fue denunciado relativamente cerca de la casa don­de vivía la familia de Sajen.

 

Zulma Villalón siempre se ubica de cara al mundo desde el interior de su casa, como si ése fuera el sitio esencial desde donde observaba también la vida de su marido: "Marcelo era meticuloso, detallista en todo y principalmente con los autos. Además, siempre le gustó que yo y mis chicos tuviéramos un buen pasar...".

 

"Él era muy desprendido -insiste- todo lo que yo le pedía me lo daba, porque a mí me gusta tener la casa con muebles y bien linda. Lo mismo con mis chicos, que toman leche Nido y comen cereales desde que nacieron".

Un mes después del último ataque, el jueves 21 de mayo, una chica de 22 años que iba camino a la casa de su hermano fue abor­dada cuando caminaba por Chacabuco, entre las calles Obispo Oro y Derqui. Sajen la lleva hasta la Isla Crisol en el Parque Sarmiento para abusar de ella.

A los 10 días, otra joven, de 19 años, es interceptada por el depravado en Independencia y Peredo. Es conducida hasta la men­cionada isla, donde cerca de las 22.30 es abusada.

"¿Leche Nido y cereales? La Zulma lo tenía loco a Marcelo pidiéndole cosas porque ella creía que yo vivía como una reina y no de la manera humilde en que siempre viví. Mi negro siempre me decía que tenía que darle todo porque si no le ponía los chicos en contra. Era como si él le tuviese miedo a lo que ella pudiera hacerle. Mu­chas veces yo iba a la cocina y veía que me faltaba un paquete de yerba, arroz o alguna otra comida, y era que Marcelo me lo había robado para llevárselo a ella. Todo lo que le pedían, pobrecito, él se los daba", asegura Adriana, quien se autodefine como económica.

El Parque Sarmiento sigue siendo el lugar elegido por Marcelo Sajen para cometer sus abusos, a la par que su método de ataque comienza a perfeccionarse. El sábado 27 de junio comete uno de sus hechos más impresionantes al abordar no a una sino a dos personas, con la particularidad de que una de ellas era varón. En el primer hecho de ese tipo que consta en la causa, los intercepta en Chacabuco, entre San Juan y Rondeau, y los obliga a acompañarlo hasta la pista de patinaje del parque. Allí, ante la impotente mira­da de su novio de 21 años, que es apuntado con un arma, Sajen viola a la chica de 18 años y huye.

"Venían con la Paola (Palacios) del brazo a tirarme piedras a mi casa. Imagínate de lo que es capaz una mujer que busca a la ex amante de su marido para venir a atacarme a mí. Aprovechaban cuando Marcelo no estaba y me hacían eso", recuerda la Negra Chuntero. "Eso sí, un montón de veces la Zulma vino sola a buscarlo a él, y Marcelo salía afuera y le decía que se fuera porque estaba conmigo y ella no tenía derecho a molestarme".

Diecisiete días después del ataque a la pareja en la pista de patinaje, Sajen vuelve a su lugar favorito. Al igual que la otra vez, se trata de una joven de apenas 18 años que es abordada en la calle Ituzaingó.

"Me imagino que Marcelo levantaba autos solo porque rinde más. No es cierto que él fuera parte de una banda, no. Él, digamos que era el eslabón más débil de la cadena. Le pedían un auto y lo levantaba, después cobraba lo que le correspondía y a otra cosa. Imaginate que con las dos familias necesitaba tener sus buenos manguitos por día", confirma Daniel Sajen.

El lunes 31 de agosto, otro ataque atribuido a Sajen se produce en barrio Cofíco. Dos chicas son abordadas en la calle Campillo, entre Fragueiro y Lavalleja. Las obliga a caminar hasta un descam­pado cercano a las vías férreas, entre Urquiza y Fragueiro, donde son abusadas.

Después de este hecho los registros muestran una pausa impor­tante de 42 días sin ataques denunciados atribuibles al serial, pero una nueva violación rompe ese impass y, de manera muy significa­tiva, muestra cómo al promediar ese año Sajen ya se había convertido en un especialista en delitos sexuales gracias al increíble per­feccionamiento de su técnica de ataque.

El lunes 12 de octubre, dos chicas de 20 años fueron abordadas cuando regresaban del boliche Pétalo de Sol, ubicado en Cañada y bulevar San Juan. El hecho sobresale en la serie, porque contó con particularidades que permiten hablar de un atacante temera­rio y muy confiado en que no pueden descubrirlo. El abuso demues­tra, además, que Sajen comenzaba a burlarse de las fuerzas policiales que no sólo seguían desconociendo su "serie", sino que buscaban en ese momento a tres violadores seriales -Machuca, otro de apellido Rodríguez y Riquelme- y no a cuatro como realmente existían. A esa altura, el número de víctimas de Sajen superaba ampliamente las 20.

Aquella noche las jóvenes estaban abordando un Fiat 147 esta­cionado en Caseros casi esquina Belgrano cuando, furtivamente, Sajen aprovechó el momento para encañonarlas y meterse en el vehículo. Cabe pensar que la primera intención de Sajen fue robar el vehículo y que, al aparecer las jóvenes, el delincuente interpre­tó rápidamente que se presentaba una oportunidad para dar rienda suelta a su perversión.

Una vez dentro del auto, obligó a una de las jóvenes a manejar e hizo que la otra pasara atrás. Como ya lo había comprobado en el ataque a la pareja del Parque Sarmiento, Sajen sabía que la con­junción entre el miedo que provocaba su arma y la solidaridad de la otra persona a la que tenía amenazada, era el seguro principal con el que contaba para mantener el control de la situación.

Hizo que la joven que estaba al volante manejara hasta la ca­lle Crisol, entre Obispo Trejo e Independencia. Allí, el delincuente pasó a la parte trasera del auto y abusó de una de las chicas. Envalentonado, se hizo llevar nuevamente al centro obligándolas a de­tener el auto en la calle Vélez Sarsfield, frente al Teatro San Mar­tín. Casi al frente del edificio de la ex escuela Olmos, donde supo trabajar en su etapa carcelaria, arremetió contra la otra chica, que había sido obligada a intercambiar su lugar dentro del auto con su amiga. Después, sin dejar nunca de encañonarlas con su pistola 11.25, se alejó caminando.

El embarazo de la Negra Chuntero avanzaba. El nuevo hijo de Marcelo Sajen había cumplido seis meses de gestación y Adriana sentía que le estaba dando una familia a la persona que amaba. "Marcelo siempre me cuidó mucho. Cuando yo iba al centro no me dejaba ir sola. Me decía: 'No, negra, vos no podés andar por ahí sin nadie que te proteja'. Era porque él pensaba que había muchos violadores dando vueltas y que alguien me podía hacer daño. Eso era cuando yo no estaba embarazada. Imagínate cuando tenía a su hijo en mi panza", recuerda la Negra Chuntero.

Dos semanas después del ataque anterior, el viernes 30 de oc­tubre, una mujer de 23 años que acababa de bajar del colectivo en barrio Jardín para ir a la casa de su novio, se cruzó con el delin­cuente en la esquina de las calles Villa Nueva y Javier Díaz. El violador la obliga a caminar hasta un descampado de la calle Co­mercio al 900 para abusar de ella.

Los ataques sexuales no se detienen, ni decaen su frecuencia e intensidad. Sajen no llega a soportar que pase una semana sin hacerlo  nuevamente, y el jueves 5 de noviembre lleva a dos chicas de 20 años desde la calle Bolivia, entre Buenos Aires e Ituzaingó has­ta un descampado de la Ciudad Universitaria, donde las somete.

"Cómo nos íbamos a imaginar que podía ser él, si nunca demos­tró siquiera una inclinación de ese tipo. Después de que cayó, se contaban miles de anécdotas que siguen haciéndonos dudar. El otro día un chanta me recordó lo que le pasó a él un día. Estaba comien­do un asado con Marcelo y las mujeres de ambos. Resulta que esta­ban con el Marcelo al lado del fuego y hacía un calor insoportable, así que se saca la remera y lo invita a Marcelo a. hacer lo mismo... ¿Sabés qué le contestó? Lo miró enojado y le dijo: 'Pero ¿vos estás loco? Está tu señora, está mi señora, cómo le voy a faltar el respeto así a ellas?'. Por esas cosas ni en el barrio, ni en el ambiente se nos ocurrió nunca una cosa así. Lo podías acusar de cualquier cosa menos de ser violador, y menos todavía de ser el serial", relata un amigo de Sajen.

 

"Con las chicas (sus hijas mujeres) Marcelo siempre era muy cuidadoso. Muchas veces hasta las amigas de ellas le pedían que fuera a los bailes para cuidarlas. Decía que no iba a poder perdonarse nunca si a ellas algún día las agarraba algún degenerado y les hacía algo", afirma por su lado Zulma.

Un mes después, el sábado 5 de diciembre, otra chica, de 21 años, que se dirigía a la casa de un amigo en la calle Obispo Sal­guero es ¡levada desde Larrañaga esquina Buenos Aires hasta la terminal de ómnibus, donde se abusa de ella.

Los ataques de este año terminan el 20 de diciembre, tres días después del cumpleaños de quien por entonces era el hijo más pe­queño de Sajen. Una chica de 25 años es abordada en Obispo Oro y Buenos Aires y violada en un descampado de la Ciudad Universitaria.

"Tan pequeña es, tan frágil es...". La canción que el cantante melódico-cuartetero Gary hizo famosa a mediados de la década del '90 era una de las preferidas de Marcelo Mario Sajen, que solía cantársela a Zulma mientras la sorprendía abrazándola por la es­palda y obligándola a bailar con las mejillas de ambos una al lado de la otra.

 

De esa manera recuerda Zulma la relación de su marido con la música, antes de asegurar que ella nunca fue a un baile de cuarteto porque ese ambiente no es de su agrado. Sajen, en cambio, por aquellos años era un asiduo asistente a los bailes, a los que iba acompañado de su novia, la Negra Chuntero, quien afirma: "Siem­pre que Sebastián venía a Córdoba, lo íbamos a ver. Además, era loco por Gary y le gustaba mucho La Barra. Íbamos a verlos siem­pre que podíamos".

 

Chuntero también asegura que en los últimos meses de 1998 las cosas entre Marcelo Sajen y su mujer estaban muy mal, porque él le habría comunicado a Zulma que quería divorciarse y que pensa­ba irse a vivir directamente con Adriana. "Si hasta ese momento le hacía la vida imposible, imagínate lo que fue a partir de ahí", co­menta la amante de Sajen, mientras pone los ojos en blanco y cie­rra la frase con un suspiro de resignación.


Albardeo


El segundo encuentro con Carlos se concretó en pleno centro de Córdoba, un martes, también cerca de las 10 de la noche. El lugar de reunión fue esta vez "mucho más público", por sugerencia nuestra: la céntrica esquina de Colón y General Paz.

 

El objetivo era caminar con Carlos por la calle para ver si el común de la gente lo miraba con alguna desconfianza o si, como finalmente sucedió, su imagen no llamaba en nada la atención. Ade­más, se le hizo la propuesta -a la que Carlos accedió con cierta des­confianza- de ir a cenar a un local ubicado en la calle San Luis y La Cañada, lugar que fue asaltado por Marcelo Sajen en el año 1999.

 

"Así que acá perdió Marcelo... Mirá vos, parece bastante sim­ple. Además, esta zona por aquellos años era mucho menos ilumi­nada que ahora y estaba llena de putas. La verdad que me llama la atención...”

 

»Debe haber sido un juicio abreviado, porque si no hubiera salido mucho después. Además, el abogado de Marcelo era Albor­noz y el Pelado es un grande para esas cosas. Yo diría que es el mejor. En el ambiente lamentamos mucho cuando entró de fiscal porque se perdió a un tipo que era de fierro y honesto. Somos muchos los que alguna vez fuimos defendidos por él.”

 

«Marcelo lo respetaba mucho a Albornoz, y creo que de alguna manera el tordo también lo respetaba a él. Siempre que Marcelo no podía arreglar las cosas solo, lo buscaba. Yo te diría que si bien ambos se dedicaban a cosas diferentes, siempre se fueron fieles. Y otra cosa, Albornoz la adora a Zulma; siempre la adoró.”

 

»Marcelo me contó que todos los años le regalaba a Albornoz una botella de champaña. Además, él siempre le presentaba a Al­bornoz nuevos clientes.

 

»¿Qué significa arreglar las cosas solo?

 

 Bueno, hay muchas maneras, algunas te las puedo contar y otras no. Por ejemplo, si vas a un lugar a meter el caño y perdés, te agarra la Policía. Lo prime­ro que podés hacer es mandar a alguien de confianza para hablar con la víctima y pedirle que levante la denuncia. El precio de eso lo medís vos en relación con tu situación y con la necesidad que tengas de zafar, ése es un mercado que mueve desde plata hasta autos y casas.”

 

»Después, está lo que no te puedo contar... pero te lo podés imaginar, ¿o vos creés que en la Justicia de Córdoba no hay gente con la que se puedan arreglar cosas? Tengo un amigo que ya le lleva entregadas más de 35 Lucas (35 mil pesos) a un funcionario judicial”.

 

»Así que acá metió el caño aquella vez... Se lo tendrías que preguntar al mismo Marcelo, pero este lugar no parece dar para demasiado. Lo primero que te puedo decir es que si afanó acá fue, o porque estaba sin un mango, o porque andaba al bardeo, como se dice cuando estás buscando guita para financiar un golpe grande. En esa época Marcelo hacía cosas grandes y muchas veces te hacen falta unos pesos para poder conseguir las armas y los autos que necesitás. Algo le debe haber pasado para entregarse así como vos me decís que hizo".


El hombre lobo


Mientras seguía manteniendo sus dos familias paralelas, los conocidos de Sajen señalan esa época como la más intensa de su vida delictiva. "Metía mucho el caño, se podría decir que estaba medio cebado. Había armado una pequeña bandita que andaba muy bien y con la que hizo un par de golpes bastante buenos a concesionarias y a algún que otro negocio grande. Sin embargo, él siempre andaba laburando solo. Metiendo el caño en dos o tres lugares cada noche que salía a trabajar", dice Daniel Sajen.

 

Aunque para la Policía de Córdoba Marcelo Sajen práctica­mente "no existía" como delincuente era conocido como un "buen levantador de autos", pero nada más que eso,  y mucho menos como violador, el hombre seguía burlándose de quienes supuestamente debían estar persiguiéndolo.

 

Comenzaba el año 1999 y sólo un error cometido a consecuencia de esa intensa actividad delictiva pudo frenar lo que, a todas luces, iba camino a convertirse en el año más acentuado de los ataques del violador serial. Prueba de ello es que, durante los primeros 39 días del año, Sajen abusó en prome­dio de una mujer cada cinco días, acelerando de manera notable el ritmo de los ataques, ya que a lo largo de los dos años anteriores se había producido un ataque cada 27 días aproximadamente.

 

Este es un breve resumen de siete de esos ocho ataques que parecen demostrar que el hombre que delinquía y engañaba estaba dejando de ser un hombre y comenzaba a convertirse en una bestia imparable.

 

La primera violación del año que consta en la causa se produjo el 19 de enero, un día martes. Esa noche, una joven de 25 años que estaba trabajando en un bar de la calle San Lorenzo salió con un billete de 100 pesos a buscar cambio. Ese hecho cotidiano fue inte­rrumpido por Sajen, quien la llevó hasta la pista de patinaje del Parque Sarmiento para abusarla. Apenas seis días más tarde, el 25 de enero, otra chica que se dirigía a su departamento en la calle Montevideo tuvo la desgracia de cruzarse en el camino del delincuente sexual cuando caminaba por Hipólito Irigoyen y acababa de cruzar la calle Independencia. Una vez "controlada" fue obligada a caminar hasta un descampado de barrio Güemes, sobre la calle Laprida, entre Arturo M. Bas y Bolívar.

 

Sin descanso, tres días después, el 28 del mismo mes, Sajen vuelve a atacar y lo hace con descaro: tres chicas de menos de 20 años que vivían juntas en un departamento de la calle 25 de Mayo fueron abordadas en un descampado en la esquina con David Luque de barrio General Paz. Recién llegadas de pasar las Fiestas en sus casas, habían decidido hacer las compras en el Hiper Libertad an­tes de que el dinero comenzara a desaparecer. Sajen las detuvo cuando regresaban cargando las bolsas de comestibles. Las tres fueron abusadas sexualmente.

 

Cinco días después de abusar de aquellas tres chicas, el delin­cuente arranca febrero violando a una joven que caminaba por la calle Ambrosio Olmos, rumbo a su departamento en Obispo Salgue­ro. No la hace caminar, no la quiebra, no duda. A la altura de Ambrosio Olmos e Ituzaingó, en el mismo lugar donde la reduce, la obliga a saltar una pared que separaba la vereda de un baldío. Entre escombros y yuyos, la ataca sin que ella tenga oportunidad de verle el rostro.

 

Cuando declaró ante el sumariante, la joven de 22 años sólo pudo explicar que el hombre era muy ágil y se movía "... como un orangután. Después de hacer lo que me hizo, de un salto, subió al muro de dos metros y se fue".

 

Seguía cebado. El anteúltimo ataque de esta pequeña serie del año 1999 es ejecutado el 5 de febrero contra una chica de 19 años que caminaba por Nueva Córdoba rumbo a la casa de su novio. En la esquina de las calles Estrada e Independencia, Sajen se interpo­ne en su destino para obligarla a caminar hasta la Ciudad Universitaria. Allí, en medio de la oscuridad inmensa del predio, el viola­dor serial la marca para siempre. En la causa este hecho figura como el ataque número 28.

 

El dinero no alcanzaba. La Negra Chuntero estaba a punto de dar a luz, Zulma estaba enojada y Sajen se encontraba descontrolado porque de la misma manera en que necesitaba desesperadamente dinero, tenía que saciar sus impulsos y lo hacía cada vez con más frecuencia.

 

Y quedaba un ataque más, antes de que Marcelo Mario Sajen dejara de violar por un período de más de dos años.


El asadito


Eran las 7 de la tarde de aquel domingo y Marcelo, después de pasar un rato con sus hijos en casa de Zulma, había decidido ir a pasar la noche en la casa de Adriana Castro, donde, según asegura hoy su amante, se había instalado definitivamente "desde hacía unos meses".

 

Acostumbrada a que su hombre fuera callejero y a que en esa época tuviera que trabajar para mantener a sus dos familias, Adriana -con la fecha de parto muy próxima- no se extrañó de que Marcelo organizara un asado con amigos para la noche y saliera antes de que llegaran los invitados.

 

"A él no le gustaba hacer el fuego, así que le dejó dicho a mi hermano (el Negro Chuntero, de quien Adriana heredó su apodo) que fuera encendiendo las brasas mientras él salía a hacer un par de cosas". La mujer recuerda que con esa recomendación Marcelo se fue de su casa cerca de las 20 del domingo 7 de febrero de 1999.

 

"Ya teníamos el cochecito y las cosas del ajuar para el bebé, pero faltaba algo de ropa y además me había prometido que íba­mos a comprar la cuna al día siguiente en el centro. Marcelo esta­ba muy contento porque estaba por ser papá de nuevo, pero tam­bién estaba nervioso porque la Zulma estaba furiosa y desde hacía unos días le venía haciendo escenas y pidiéndole cosas para ella y para todos los chicos. Esa noche lo esperé, pero las horas pasaban y él no aparecía...".

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